Jorge Perugorría, actor de grandes dimensiones

Foto: Rafael Franco-Steeves
Foto: Rafael Franco-Steeves

Por: Vanesa Baerga

Publicado en Claridad.

“El cine es un arte colectivo y esa magia de la pantalla grande, donde salimos los actores, es gracias a un esfuerzo colectivo. Por eso quiero agradecer en primer lugar y compartir este premio con todas las personas que desde Cuba, con mucho esfuerzo y sacrificio, mantienen vivo el sueño de seguir haciendo cine cubano,” expresó el actor cubano Jorge Perugorría al recibir el Premio Gloria el pasado 19 de abril, un reconocimiento a su trayectoria artística conferido por el Festiva

l de Cine Latino de Chicago. Este premio, el primero que recibe como actor, es un reconocimiento a su carrera y a la contribución de la misma a la comunidad latinoamericana.
Perugorría añadió que además le dedicaba este reconocimiento a sus maestros Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, así como a Alfredo Guevara, quien falleció en La Habana el mismo día de la entrega del premio. “Quiero también hacerle un homenaje de alguna manera porque fue una persona muy importante en todo el concepto fundacional del nuevo cine latinoamericano y cubano,” dijo el reconocido actor, director y artista plástico sobre Guevara.

Perugorría comenzó su carrera en la actuación en 1984, cuando comenzó a trabajar en el Teatro Clásico Universal y el Teatro Popular Cubano. Se dedicó al teatro por diez años hasta que en 1993 dio el gran salto a la pantalla grande de la mano de Gutiérrez Alea (Titón) y Tabío, protagonizando el clásico del cine latinoamericano Fresa y chocolate, primera película cubana nominada a los premios Oscar. Esta película le brindó una gran proyección internacional y lo catapultó como uno de los principales actores contemporáneos cubanos.

Perugorría ha participado como actor en más de 50 películas, ha dirigido cinco documentales y tres largometrajes, además de ser un reconocido artista plástico que ha expuesto sus obras en Cuba, España, Estados Unidos e Italia. Entre las películas que ha participado se encuentran Guantanamera, Cosas que dejé en La Habana, El cuerno de la abundancia, Che: El argentino, Che: Guerrilla, Lista de espera, entre otras.

Aprovechando su visita a la ciudad de Chicago a donde vino para recibir su reconocimiento, En Rojo lo entrevistó a fondo sobre su trayectoria como artista, sus transiciones profesionales, su interpretación de Diego en Fresa y chocolate, su participación en la producción de Hollywood Che, la trayectoria del cine cubano y la industria del cine, entre otras cosas. A continuación la entrevista:

imagesEl cine
A tu juicio, ¿cuál es la función del cine? ¿Es entretenimiento, es educación, es información, es todo eso?
Yo creo que es un poco de todo eso. De todas maneras, yo vengo de un cine que es un cine de autor. Yo empecé en el cine con Fresa y chocolate prácticamente. Venía del teatro y comencé con uno de los autores más importantes del cine cubano, si no el más, que es Tomás Gutiérrez Alea y con Juan Carlos Tabío. Prácticamente en esa primera película comprendí la importancia del cine. No solamente del cine, sino del arte en general, cuando es un arte comprometido, cuando mira la realidad, cuando hay un pensamiento crítico y el resultado de cómo una película puede generar ideas, de cómo puede provocar y llevar a la gente a la reflexión, y a la vez también los puede entretener y divertir.

Cuando eras muchacho, ¿a qué ibas al cine?
Quizás, cuando muchacho empecé a consumir el cine como entretenimiento. Yo recuerdo que, la primera imagen que siempre tengo de cómo empecé a ver el cine fue a Chaplin, el cine mudo y en blanco y negro. Después apareció ya el cine de acción, el cine americano, el cine más comercial, porque uno también llega a ese cine. Pero realmente ya cuando empezaron mis inquietudes como actor íbamos a las salas de arte en Cuba, a ver cine francés, cine italiano, el neorrealismo, la nueva ola, cine latinoamericano. En Cuba siempre, por suerte, hemos tenido el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano y gracias a ese festival los habaneros y el público cubano en general siempre ha tenido esa ventana hacia el cine latinoamericano.

¿Qué cine te gusta, además del cubano?
El cine cubano tiene una gran influencia del neorrealismo italiano, como resultado se ve en nuestras películas. No solamente el hecho de que varios de nuestro cineastas, incluyendo a Titón (Gutiérrez Alea), a Humberto Solás y a Julio García Espinosa, estudiaron en Cinecittà, sino también yo creo que el cine italiano tuvo un gran impacto dentro de Cuba. El neorrealismo italiano tiene una cinematografía que me gusta mucho.

Hay autores también en el cine español que me gustan como Almodóvar, Buñuel, Berlanga. En España he trabajado con Manolo Gutiérrez Aragón y con Bigas Luna, que ya no está ahora, que nos acaba de dejar. Y del cine latinoamericano igual, el movimiento del nuevo cine latinoamericano ha dejado una huella impresionante de muy buenas películas, tanto el cine brasileño, el argentino, que eran como los más fuertes.

Chicago Latino Film FestivalTransiciones en su carrera
¿Cómo te preparaste para hacer la transición del teatro, donde se exige tanta intensidad y actuación histriónica a una actuación más natural como la del cine?
Fue bien interesante, te digo, yo llevaba diez años haciendo teatro. Había hecho algunos largometrajes, mediometrajes, había hecho alguna aventura en la televisión cubana, y tenía una relación con la cámara, pero yo era básicamente un actor de teatro. Yo recuerdo que una de las primeras cosas fue enfrentar ese problema, saber cómo poder contener las emociones y realmente tuve la ayuda de Titón, aunque Diego, mi primer personaje (en Fresa y chocolate) es bastante histriónico también.

Fíjate, que casualmente, yo estaba haciendo una obra de teatro en ese momento, Las Criadas de Jean Genet, y yo interpretaba a un personaje femenino. Los dos actores masculinos hacíamos de mujer, y fue en el momento que hacía Fresa y chocolate. Toda esa gestualidad y manerismos me sirvieron para Fresa y chocolate.

Siempre recuerdo una anécdota con Titón y Tabío, en el monólogo final mío (en Fresa y chocolate) cuando le digo a David que yo no soy tan bueno y que había hecho todo eso para que la gente pensara (que estábamos juntos), yo pensaba “no, si aquí como actor de teatro que soy, me la voy a comer.” Y cuando me viro para al frente de la cámara, el director me dice “no, queremos que lo hagas de espalda.” Y yo le digo: “Coño, ¿cómo que de espaldas?” Entonces hice todo el monólogo de espaldas y me viro sólo al final. La diferencia entre el cine y el teatro nunca me la había imaginado así, fui aprendiendo con ellos esos detalles de la actuación (en el cine), de contener las cosas, las sutilezas, el que a veces una mirada puede decir cosas.

¿Has vuelto a hacer teatro?
No, después de Fresa y chocolate he estado trabajando tanto en el cine. Empecé diciendo “bueno, para el teatro siempre hay tiempo. Ahora me están llamando para una película, voy a hacerla. Esto seguro se acaba pronto.” Pero se sigue posponiendo, y ya me volví un hombre de cine, con tanta relación con el cine.

Hablando de las transiciones, encontré también la inquietud de hacer documentales y quizás en ese tiempo libre que podía volver al teatro empecé a hacer documentales. Luego también vino mi primer largometraje, Afinidades, que dirigimos juntos Vladimir Cruz y yo. Y después finalmente hice Amor crónico que se está entrenando ahora en el Festival de Cine Latino de Chicago. Ya es mi segunda película y aquí estoy sólo como director. Acabo de estrenar en La Habana en el Festival de Cine Latinoamericano mi tercera película, Se vende, que es una comedia de humor negro sobre la realidad cubana actual.

Jorge Perugorría y Vladimir Cruz interpretando a Diego y David respectivamente en Fresa y Chocolate (1993).
Jorge Perugorría y Vladimir Cruz interpretando a Diego y David respectivamente en Fresa y Chocolate (1993).

¿Qué significa para ti Vladimir Cruz, compañero en tantas cosas juntos?
Imagínate, él es mi compañero de viajes, en este viaje por el cine porque nosotros arrancamos juntos en Fresa y chocolate. Como actores nos dimos a conocer por esa película. Hicimos nuestra película como directores juntos y después, hemos coincidido en muchas películas como actores, incluso en La mala que rodamos en Puerto Rico, en Guerrilla, en El cuerno de la abundancia, en Lista de espera y hemos estado siempre muy cerca. Somos grandes amigos.

El hecho de que te inicies como director, ¿significa un retiro de la actuación?
No, es difícil, me encanta la actuación. No estoy dirigiendo porque la actuación sea algo que no pueda satisfacer a uno y darle grandes alegrías y no sea una profesión maravillosa. Estoy dirigiendo porque es otra manera de expresarme, es otro camino.

¿Cuál ha sido tu mayor influencia? ¿Cuál ha sido tu director más admirado, en Cuba y fuera de Cuba?
Mi mayor influencia, sin ninguna duda, son Titón y Tabío. Pero no solamente porque con ellos hice Fresa y chocolate y Guantanamera, sino por toda la obra de ellos que tiene que ver incluso en el cine que yo estoy empezando a hacer como director.

Fuera de Cuba, imagínate, son tantos que preferiría decirte el nombre de alguien que fue mi maestro y acaba de fallecer recientemente, Bigas Luna, con quien también hice dos películas Bambola y Volaverunt. Es una manera de recordarlo.

Fresa y chocolate
¿Cómo Fresa y chocolate alteró tu vida y tu carrera?
Sí, imagínate, yo era un actor cubano que mis aspiraciones y mis sueños más grandes que me pudieron pasar por la cabeza era hacer cine en Cuba, hacer teatro, trabajar allá adentro, trabajar con Titón, con Humberto. De pronto, a partir de la proyección internacional que tuvo Fresa y chocolate, se me abrieron las puertas de otra cinematografía, cosa que para un actor cubano es impensable. Me empezaron a llamar de Europa, empecé a trabajar en España, en Italia, en Latinoamérica, en países con el cine que yo había crecido. Yo que era fanático del cine latinoamericano nunca imaginé que iba a terminar trabajando en Brasil, en Argentina, en Chile, en Colombia, en Costa Rica, en fin. Y eso fue lo fundamental, esa proyección que permitió Fresa y chocolate después de su estreno.

cartel-fresa-y-chocolate-WEB_lg¿Crees que Fresa y Chocolate sirvió de herramienta para una mayor apertura a la comunidad LGBTT en Cuba? ¿De qué forma ayudó? ¿Recuerdas algún cambio de percepción en específico a partir de esta película?
Realmente, hay un antes y un después de Fresa y chocolate en Cuba. Fresa y chocolate caló muy hondo. Tuvo un gran impacto social dentro de la sociedad cubana y yo creo que si hoy Cuba es mucho más tolerante hacia los homosexuales y los transexuales, si hoy en Cuba hay una organización que atiende todo ese movimiento, si ese movimiento incluso tiene un Festival dentro de la Isla es también gracias a Fresa y chocolate.

Pero bueno, también quiero decirte que Fresa y Chocolate no luchaba solamente por la tolerancia hacia los gays y el respeto hacia los gays, sino a todos los que piensan diferente. Ya no hay represión a los homosexuales a nivel institucional. A nadie lo pueden sacar de un trabajo por ser homosexual, ni lo pueden botar de una escuela por ser homosexual, ni lo pueden marginar por ser homosexual. Ya hay clubes gays y clubes de travestis en Cuba, que era impensable antes de Fresa y chocolate. No solamente eso, también hay una organización que atiende todo los temas de los derechos de los homosexuales que es la que dirige Mariela Castro.

¿Cuál es la responsabilidad del cine y de las figuras del cine? ¿Las figuras del cine tienen o deben tener una responsabilidad con la sociedad y la humanidad?
Yo creo que todo ser humano debe tener una responsabilidad con la sociedad y con la humanidad, no solamente los actores y los cineastas. Yo creo que eso es parte de la propia esencia del ser humano, de no pensar solamente en uno, sino también pensar en los demás.
Nosotros (los actores) podemos aprovechar, que como resultado de nuestro trabajo, uno también se convierte en una figura pública, y se pudiera utilizar ese poder, digamos, con relación a las demás personas para promover proyectos interesantes, para luchar contra el calentamiento global, por la educación, por la salud, por temas que en cada uno de nuestros países hay que trabajar mucho, y pudiera uno usar esa fuerza para ayudar en ese tipo de proyectos progresistas, realmente humanistas, que es un poco lo que pienso yo debe estar el compromiso de uno como ser humano.

Che
¿Cómo fue la experiencia de trabajar con Steven Soderbergh y Benicio del Toro?
Fue una experiencia muy interesante porque la manera de trabajar de Soderbergh es muy particular, y realmente yo estaba allí aprendiendo un poco. Tenía mucha curiosidad de aprender y ver cómo Soderbergh armaba las situaciones, cómo las filmaba. También es un autor muy interesante, que tiene una mirada muy particular y quería ver ese proceso. Disfruté mucho, además porque era un rodaje muy especial. Era un elenco enorme, todos alrededor de Benicio que era el que interpretaba al Che y fue una experiencia colectiva e interesante. Rodamos en España y en Puerto Rico, fue una experiencia rica y, además, colaborar con Benicio que traía el sueño hace mucho tiempo de hacer esta película. Nos conocíamos de La Habana cuando la película era todavía un sueño, cuando todavía se estaba preparando y montando. La verdad fue un lujo poder estar desde el comienzo en este proyecto, poder ver el proyecto desde el comienzo y poder ayudar a Benicio a que pudiera hacer la película y ayudar en todo lo que hiciera falta como amigos que somos.

che-guerrilla-joaquin-1¿A qué se debe el que la película no recibiera el apoyo financiero y de audiencia que merecía por la calidad de la producción? ¿Piensas que tal vez las posiciones políticas de Hollywood y de Estados Unidos frente a Cuba tuvieron que ver con la falta de apoyo?
Primeramente tengo que decirte que a mí me parecen superinteresantes las dos películas. Me parece que las películas tienen un tono entre el documental y la ficción, tienen un rigor histórico, tienen un trabajo maravilloso de Benicio, que ganó Cannes como mejor actor y que después ni siquiera lo nominaron a un Oscar y ni siquiera hablaron de los que no habían estado nominados al Oscar como grandes trabajos de actuación ese año en la Academia. O sea, te das cuenta de que todavía hay prejuicios y que los prejuicios políticos en este país también condenan al ostracismo a las obras de arte. En Europa todo el mundo estaba con una expectativa enorme sobre la película del Che, en Latinoamérica, en todos lados, y aquí, silencio total. Entonces, te das cuenta de que algo pasa. Realmente, yo creo que los valores cinematográficos que tiene (la película) me parecen muy interesantes, tanto el trabajo de Soderbergh como el de Benicio. Yo creo que es una de esas películas que se impondrá con el tiempo. De esas películas que terminarán estudiando en las universidades los muchachos acá cuando quieran saber de historia latinoamericana o de la figura del Che.

¿Cómo contrasta ese cine grande de Hollywood que requiere de grandes efectos con un cine más íntimo como el de Cuba?
El cine de Hollywood es un cine que tiene un concepto de industria, el cine nuestro es un cine de autor cuyo peso descansa en las historias, en los temas que toca, en los propios autores que cada uno tiene su mirada, su discurso visual y sonoro de la realidad. Yo creo que el fuerte del cine nuestro está en las historias que contamos, ahí es donde está la gran diferencia. Aunque cuando se habla de cine americano, no solamente existe Hollywood, también hay un movimiento de cine independiente (en Estados Unidos) que tiene esas mismas motivaciones que el cine cubano y el cine de autor, y que es muy parecido a lo que hacemos nosotros.

Trayectoria del cine cubano
¿Cómo ves la transición del cine cubano antes de la Revolución y después de la Revolución?
Antes de la Revolución, había una pequeña industria que hacía cine en Cuba, pero el mismo proceso revolucionario fue tan fuerte que marcó un cambio radical e influyó en todas las artes y en la forma de hacer arte en Cuba. Por eso se creó y se habla del nuevo cine cubano y del nuevo cine latinoamericano.

Con el cine pasó como con la trova y como con todas las artes en Cuba, porque en Cuba siempre había trova pero, de pronto, llegaron Silvio y Pablo con canciones y textos comprometidos. Así pasó en el cine también, con Titón, Julio García Espinosa, Santiago Álvarez. (Ellos se dedicaron a hacer) un cine comprometido con todos los cambios sociales que estaban ocurriendo en Cuba y en el mundo.

El cine tiene un valor testimonial. Entonces, el cine también narra y documenta los tiempos que les toca vivir a las personas, igual que uno puede ver películas de los años sesenta que son testimonio, tanto documentales como de ficción, de toda esa utopía de la revolución, de todos esos cambios, de todo ese espíritu de cambiarlo todo, de renovarlo. Es el mejor testimonio que hay de los primeros años de la revolución. Y después uno empieza a ver otro tipo de cine, cómo cada época ha tenido también un espíritu diferente donde ha habido más optimismo, donde se ha estado mejor. Así el cine de cada época marca un poco y queda como memoria de lo que se ha ido viviendo y cómo se han ido viviendo cosas diferentes.

Foto: Rafael Franco-Steeves
Foto: Rafael Franco-Steeves

¿Cuáles son los retos del cine cubano?
Yo creo que el cine cubano hace un tiempo descansaba en las instituciones, en el estado. La mayor parte del cine cubano es financiado por el Estado cubano. Ahora acaba de empezar, hace unos años, un movimiento con el (cine) digital, de cineastas jóvenes que empiezan a hacer cine independiente dentro de Cuba. Es un movimiento de cine independiente muy fuerte que está produciendo documentales, largometrajes, cortometrajes, y yo creo que el futuro del cine cubano viene en la relación de la institución con este movimiento, que es donde están los futuros directores de nuestro cine.

¿Cómo se hace buen cine cuando no tienes recursos económicos?
Yo creo que el cine es una motivación, uno tiene ganas de decir cosas, uno tiene ganas de expresarse. Ahora, el cine se ha democratizado por eso, por el tema del (cine) digital, que se pueden hacer cosas con una camarita de formatos bien barata que con programas en la computadora puedes editar en tu casa y puedes contar historias. Puedes hacerlo con muy poco dinero creando grupos de cooperativas donde la gente se ayude, entusiasmando a la gente y metiéndolos en el proyecto. Entonces, yo creo que eso ya los jóvenes lo pueden hacer. No es como antes que era tan difícil poder tener el respaldo de una institución o de una productora para que te dieran (recursos) para poder hacer una película.

Él y Puerto Rico
¿Qué conoces de Puerto Rico?
Estuve trabajando Guerrilla en Puerto Rico y también estuve trabajando en una película que se llama La mala, que es una película que está contando un poco la historia de La Lupe, a través de una cantante joven que quería ser como La Lupe y ese rodaje lo hicimos también en Puerto Rico. He rodado allí dos veces y siempre la he pasado muy chévere. Realmente, en Puerto Rico me siento como en Cuba. Somos muy iguales y uno se siente como en familia. Realmente, somos los que más nos parecemos.

¿Cómo ves a Puerto Rico? ¿Qué piensas de Puerto Rico?
Realmente, me asombra el fenómeno de los puertorriqueños, el fenómeno de mantener un país y una identidad sola en la cultura. Es como una isla flotante. Entonces, me parece eso asombroso, cómo han podido luchar por mantener que Puerto Rico, de alguna manera, no sea algo abstracto, sino que ese país existe, por encima de que no sea un país independiente. Y ese país existe, entre otras cosas, por su cultura, por sus costumbres, por su identidad. Los puertorriqueños son puertorriqueños en Puerto Rico, en Nueva York, en Chicago, donde estén. Es increíble. Es un fenómeno interesante. Ojalá que no se pierda eso en el camino, que sigan siendo puertorriqueños.

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