Ser o no ser, luchar por reconocerse

Por: Vanesa Baerga

Publicado en Radio Ambulante.

Foto: Alina Luciano
Foto: Alina Luciano

En el episodio de esta semana conocimos la historia de Ernesto. Entre dos nombres, él escogió llamarse Ernesto. Entre dos identidades, él escogió la de Ernesto. O tal vez no, tal vez no sería el Ernesto que es hoy en día sin algo de la idea de William.

Ernesto creció en Chihuahua, México, con una familia mexicana que lo crió como a uno de los suyos. Su madre biológica es Dylcia Pagán, una de las ex prisioneras políticas puertorriqueñas que fue encarcelada en 1980. Su padre biológico es William Morales. Ambos fueron acusados de estar vinculados a las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN).

Las FALN era una organización clandestina que creía en la lucha armada como método para lograr la independencia de Puerto Rico. Esta organización operó durante la década de 1970 y principios de la década de 1980. “Era una época donde había mucha actividad anticolonial en el mundo, se formaron organizaciones públicas y clandestinas para luchar contra el colonialismo. Fue justo después de la Guerra de Vietnam y había un gran movimiento en contra de la guerra,” destacó la abogada de los prisioneros políticos puertorriqueños, Jan Susler.

En abril de 1980, un grupo de 11 personas fueron arrestadas cerca de Chicago, incluyendo a Dylcia Pagán, la madre de Ernesto. Los acusaron de conspiración sediciosa, o conspirar para derrocar al gobierno por la fuerza, delito que generalmente se usa contra opositores de un gobierno. La abogada, socia del bufete especializado en derechos humanos People’s Law Office, enfatizó que “el gobierno estadounidense se ha valido de acusaciones de sedición para reprimir el movimiento independentista puertorriqueño en tres ocasiones: en las décadas de 1930 y 1950 contra el Partido Nacionalista, y en la década de 1980 contra las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional.”

La mayor parte de los miembros de las FALN nacieron y crecieron en los Estados Unidos, de familias puertorriqueñas. Esta organización operaba mayormente en las ciudades de Nueva York y Chicago. Susler destacó que las FALN “se responsabilizaron de lo que muchos llaman propaganda armada, es decir, dirigían sus ataques con explosivos a edificios que generalmente ocupaban organizaciones vinculadas a la dominación colonial de Puerto Rico, como por ejemplo, edificios de gobierno y bancos. Lo hacían de noche y avisaban antes de hacerlo para que las personas que se encontraban dentro, salieran, y así no lastimar a nadie. Su propósito era llamar la atención del caso colonial de Puerto Rico y no causar daños a nadie. Algo similar a la estrategia de Argelia, que tenían un ejército clandestino que tomaba acción en Francia porque pensaban que era la mejor manera de llamar la atención de la población francesa.”

En el 1999, Bill Clinton le otorgó el indulto presidencial a la mayoría de los prisioneros políticos puertorriqueños que se encontraban en prisión. Aunque de este grupo aún queda uno, Oscar López Rivera, quien lleva 34 años encarcelado. Oscar López Rivera, al igual que Dylcia, fue acusado de conspiración sediciosa. Y desde hace alrededor de una década la campaña por su excarcelación ha trascendido líneas ideológicas o partidistas, y se ha convertido en una causa primordial de sectores en Puerto Rico y en las comunidades puertorriqueñas en Estados Unidos.

Para escuchar la historia de Ernesto haga click aquí.

Texto fue publicado originalmente en Radio Ambulante.

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